Su vida nunca fue lo que esperaba, soñaba como en un cuento de hadas, sin embargo el soñar y creer en las personas le valió muchas decepciones, decidió dejar de creer, confiar y querer…
Antonia fue siempre una niña, aún cuando comenzó a vivir su período de adolescencia, eso mismo le permitía creer mucho en las personas. Por las noches le encantaba escribir sus sentimientos de angustia y decepción en hojas, las cuales quemaba al día siguiente, ya que pensaba que de esa manera todo acabaría.
Pasaron así muchos años hasta cuando descubrió que no bastaba sólo con soñar y creer para vivir, ya que las decepciones habían sido muy grandes. Decidió irse a una cabaña, apartada totalmente de la ciudad, sólo había animales y un gran bosque, con diversas especies de árboles, lo cual le permitió vivir sin preocupación por años.
Un día de mucho frío, fue en busca de leña y al llegar al lugar donde estaba cortada vio a un pequeño ser, pero éste era igual al que desde niña había imaginado. Lo cogió entre sus manos y decidió cuidarlo, ya que se veía enfermo. Al irse a su cabaña lo dejó en un frasco, en el que dejó comida. Su color era un pardo maravilloso. A la mañana siguiente despertó por una luz que llegaba a su habitación, al abrir los ojos se vio sumergida en una hermosa pieza llena de seres muy extraños, pero que a la vez eran fantásticos, creía estar soñando, pero al mirar por su ventana se dio cuenta de que todo seguía igual, ya que es un día lluvioso y los animales estaban escondidos. Al darse cuenta de que todo sigue su curso miró hacia el frasco y se dio cuenta de que aquel ser extraño no se encontraba, se levantó de la cama rápidamente y al salir de su habitación vio todos sus recuerdos en fotografías pertenecientes a su niñez, sus ojos se llenaron de lágrimas y luego ve a un ser muy extraño, se da cuenta que es aquel que había recogido el día anterior. Ahora su color es aún más bello, sus ojos muestran paz y esperanza, todo lo que Antonia había olvidado. Esta vez el ser es quien acoge a Antonia, a pesar de su aspecto raro le tiende sus brazos, mientras ella con ternura acepta y comienza a llorar. Cada lágrima comenzó a formar una figura, en la cual ella ve todos los buenos momentos. Descubrió por fin por qué soñaba, por qué disfrutaba, por qué reía. Descubrió de una manera especial que la magia existía, que ese mundo que siempre había soñado se podía construir, sólo era cuestión de tiempo, su vida era especial y sus sueños se habían cumplido. Aquel mundo que había descubierto la hizo reflexionar y ver cómo perdió un largo tiempo en pequeñas cosas que la fueron destruyendo, por el sólo hecho de no perseguir sus sueños, de no luchar por sus sueños, de no luchar por su vida. Perdió tantos años por no creer que todo podía cambiar. Ahora ella entiende el verdadero sentido de su vida. Quería marcharse a la ciudad, luego de disfrutar por última vez la lluvia en su cuerpo, disfrutó por última vez las cosas sencillas de las que había vivido y luego de ver todo a su alrededor con esa sencillez y valorando como nunca lo había hecho, cerró sus ojos, pero nunca pudo abrirlos para cumplir su último sueño. Sin embargo, descubrió una nueva vida, llena de seres fantásticos, era una nueva vida, llena de seres fantásticos, era la nueva princesa en su cuento de hadas. Aquí sólo pudo ser feliz, luego de haber descubierto la magia y de aprender a vivir la vida
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