domingo, 27 de abril de 2008

Los Instantes



Parecía un paraíso. Ahí yo, reposando con un rostro tibio sobre su pecho, y ese mágico aroma que con una extraña ternura me hace enloquecer. Ahí él, suave y sereno, siendo el mismo. No faltaba en la cabaña nada, todo estaba ahí, en el lugar correcto y siguiendo su ritmo correspondido. Los segundos divinos volaban entre nuestros cuerpos enamorados mientras la lluvia caía gota a gota de las hojas agonizantes tras el crudo otoño que decía adiós al invierno entrante. Todo tranquilo, la vida precisa al instante correcto, su respirar que me entrega toda la calma y seguridad que por tantos años busqué. Me escondí tras un caparazón de falsedades, después del día en que la soledad se apoderó de mi vida. Me oculté tras las risas, y la música; con sabiduría supe esconder mis temores y agonías; siempre hipócritamente. Pero hoy, es todo distinto. Hoy me abrazan, la soledad termina y aquí estoy yo, perdida entre los brazos de mi único real amor, soy libre tomando su mano.
El aire parece sobrar entre nuestros corazones, somos solo el y yo, Micaela y Alonso. Todo tiene lo necesario para vivir por primera vez la desconocida felicidad que me invade. Todo está aquí, entre las cuatro paredes de esta habitación, la que hoy es mi lugar favorito, la cuna de mi amor que desde donde mi mente recuerda; era imposible. ¿Por qué hubo tan largo tiempo de espera al amor?, ya no ha de importar; en secreto la gracia me abrazó y desde hoy en adelante la soledad se aleja rápidamente de mi vida frente a mi mirada atónita; se va para dejar que entre el gozo infinito de amar y ser amada.
Pierdo mi mirada en las figuras de humo que su habano forma y me pierdo en ellas. Nado entre cientos de utopías y esperanzas que éste amor me ha inculcado.
Mis divagaciones han terminando tras un extraño que penetró a mi oído atentando contra mis ilusiones y sueños. De pronto, un intenso temor me invadió, pero así mismo el loco valor se apodero de mi temerosa esencia insegura; no permitiré que nada acabe con mi felicidad.
Aquel ruido aterrador provenía del bosque que rodeaba nuestra cabaña de secretos amorosos. Él rápido se levanta y sale en busca de una respuesta para nuestro sosiego, y mientras me ruega paciencia que lo espere dentro, segura; mis suspiros se estremecen al enfrentar el temor que me vuelve a cubrir, acepto quedarme y me siento. Mi alma se acongoja tras el crujir de la puerta que se cierra.
El silencio vuelve a envolverme. Tan solo el caer de las gotas de lluvia me calma. Temo, temo al abandono. Me estremezco, me angustio, me desespero, me duermo.
Despierto y me encuentro ahí, olvidada entre el olvido de la noche. Siempre impaciente, salgo en busca de mi sueño arrebatado por lo injusto.
Entre tanta oscuridad, llamo por su nombre desde lo mas profundo de mi corazón que acelera su ritmo en la espera de una respuesta de sus labios. Una brisa fría me ata al espeso aire que me atemoriza. Mis piernas tiritan y caigo.
Grito entre los brazos de algún desconocido que me asfixia sin decir un porqué. No es Alonso, su aroma no envuelve. Forcejeo y me rindo, no hay escapatoria. Siento como lentamente, el aire en mis pulmones parece no entrar y me entrego entre lagrimas por el termino de mi segundo de plenitud y la amargura de sentir como mi vida se extingue. Me entrego…
Un abrir de ojos brusco me da la bienvenida. Ahí estoy yo triste, inmóvil como he permanecido desde el día en que mi amor, Alonso me adormeció antes de despedirse de este mundo. Trato de gritar, pero no puedo, no hay movimientos. Mi padre se acerca y me abraza: “no temas hija mía, fue tan sólo una pesadilla” .
Alicia Silva

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